Resumen de la historia
Nos encontramos ubicados en Rapture para ser mas precisos en el clímax de su conflicto, contrabandistas contra fuerzas de seguridad, año 1958. Rapture una ciudad sumergida bajo el mar, construida por las manos de un magnate de la industria del transporte ferroviario y la industria de la energía eléctrica a base del carbón. En esta ciudad submarina no existen las leyes, es decir, no hay estado y se encuentra cubierta bajo una anarquía total. La seguridad de sus ciudadanos se haya custodiada bajo el poder la policía privada, la cual protege a sus habitantes por una módica cantidad de precio (es decir, solo las personas ricas gozan de la seguridad que la policía privada suele proporcionarles). Debido a sus políticas, toda forma de religión y socialismo están prohibidos, Rapture ofrece una fuerte pena a los contrabandistas, problema que va en aumento debido al dueño de la flota pesquera de submarinos, un tal Frank Fontaine. Fontaine, el dueño de Fontaine Futuristics, es el encargado de solventar a la población con plásmidos y tónicos genéticos los cuales modifican el genoma de los ciudadanos y les otorgan increíbles poderes, tales como controlar objetos con la mente o tener superfuerza. El Adam es una substancia obtenida a base de una baba de un gusano marino, el cual vive en las afueras de Rapture. Esta baba puede ser refinada para obtener productos que reescriben el genoma humano, al igual que regeneran la carne herida con versiones madre de las células muertas. Cuando el consumo de estos productos es excesivo los ciudadanos obtienen deformaciones físicas y mentales, lo cual conlleva a que se conviertan en seres sedientos de sangre los que viven solo para el saqueo y el asesinato, desesperados por consumir mas y mas Adam. Ahora el destino de Rapture pende de un hilo, entre las fuerzas que apoyan a Fontaine y el contrabando y las fuerzas que tan solo quieren mantener a Rapture lejos de todo, mientras que la amenazadora sombra de un Splicer se cierne sobre los ciudadanos
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Jugando en la boca del lobo

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Jugando en la boca del lobo

Mensaje por Alan Dean el Lun Dic 02, 2013 2:33 am

"El gas mostaza es difícil de aplicar de forma segura. ¡Pero no se preocupe!" La presentadora tenía una sonrisa enorme, con dientes bien alineados y blancos. La dentadura perfecta. Era la máxima perfección caucásica. Rubia, guapa, esbelta y bien vestida. No como el hombre atado a la silla al lado de la cual ella estaba. Un hombre pequeño, bajito, con un traje verde militar. No sólo era chino, si no que era insultantemente chino. Tenía la tez amarilla, una cara plana, una nariz pequeña y dientes frontales enormes, con los ojos tan pequeños que parecían sólo trazos a lápiz. Estaba sudando, aterrorizado. "Con el nuevo combustible de Ryan Industries, más ligero y más duradero, puede matar indiscriminadamente si poner en peligro a sus tropas." Cuando la presentadora se disponía a hacer una demostración, el hombre empezó a temblar, lloriquear y pedir piedad. Bajó la cabeza, y cuando la volvió a levantar, llorando desesperadamente, ya no era una horrenda caricatura. Era un hombre de verdad, y no la colección de estereotipos que le habían enseñado a odiar.

Los gritos y el olor a carne humana quemándose le habían despertado, sudando tanto que había empapado la cama. No había dormido muy bien, aunque no se notaba. Alan nunca mostraba debilidad, especialmente trabajando, aunque se paraba más de lo normal a descansar, eso era cierta. Nadie notaba que le pasase nada. No importaba que no durmiese, su piel siempre era fina, sin arrugas, sin bolsas debajo de los ojos. Siempre era así desde que le inyectaron ADAM.
Mientras trabajaba, moviendo cajas de un lado a otro y haciendo oídos sordos a los trapicheos de la baja estopa del lugar (no le pagaban para ser agente de seguridad, al menos ya no), retransmitieron algunos anuncios de nuevos plásmidos por la radio. Se podría decir que su pesadilla de hoy había sido una parodia de estos grotescos intentos de marketing. Pero es que ya eran horrendos de por sí. Si algo, era normal que hubiesen acabado causándole esa clase de febriles sueños.
Ya era la hora de cerrar, y Alan se había quedado transpuesto, observando una pantalla que repetía los famosos dibujitos que promocionaban las modificaciones. Un compañero suyo se paró a su lado.
-Ei, Alan. ¿Quieres pasarte por el Mac?
Alan no se había dado cuenta de que le estaban hablando a él, hasta que insistió. Al girarse, el enorme hombre dio un salto de la impresión. El hombre que había ardido hasta la muerte en su sueño estaba justo delante de él. Hasta el joven asiático se quedó un poco extrañado por la reacción del gigante.
-Ah... claro- Respondió el enorme hombre. -Sí, por supuesto.- Normalmente ni se le ocurriría pasar por el bar más infame del puerto. Pero le habían cogido por sorpresa, y darse cuenta de que había incinerado a Wang también le había hecho bajar la guardia. Ahora le parecía feo echarse atrás, y no se le daba bien mentir o inventarse excusas.

Así que, al terminar el turno, Alan se quitó la parte de arriba del mono, pero, como muchos otros, no se molestó en cambiarse. Sólo se lo ató a la cintura, dejando al descubierto su camisa de tirantes blanca de debajo, y se unió a los otros de camino al bar. Que mala idea... Y por muchas razones. Tendría que apretarse el cinturón si gastaba dinero en el bar: calculaba que a final de mes le sobrarían unos diez dólares, que había querido ahorrar. Una lástima. Aunque claro, eso era lo de menos...
El bar apestaba a humo y alcohol. Pero eso era casi una mejora: sin ellos, quizá hubiese sido mucho más evidente el aroma de los vómitos, el sudor y el orín. Pero ni siquiera eso le suponía un problema a Alan. Era repulsivo, pero podía aguantarlo. Wang era listo. Se traía a su compañero de trabajo, a pesar de que apenas se conocían, porque sabía que su enorme constitución intimidaría a los otros. Todo con tal de ganar una pequeña ventaja en el póquer. Aunque claro, ese mismo tamaño era precisamente lo que le hacía destacar entre la demás gente. Muchos lo ignoraban: cosas más extrañas se habían visto por Rapture desde que se expandieron los plásmidos. Pero la clase de gente que frecuentaba el local era la clase de gente que ya había tenido algún roce con Alan en el pasado. Las miradas de más de un contrabandista rencoroso se clavaron en él. Las intentó ignorar, pero ya se sentía nervioso, sudando, hasta temblando un poco. Se reprochó a sí mismo su estupidez. Intentaba no mirar alrededor para no parecer amedrentado, pero en realidad estaba analizando el más mínimo indicio de peligro. Esto no iba a acabar bien...

Había otros dos hombres del muelle en la mesa, y dos de alguna otra compañía. Wang los presentó, con una enorme sonrisa. Alan se sentó, y aunque no sabía mucho de póquer, sabía lo suficiente como para poder seguir el juego. Aunque ya podía irse despidiendo de esos diez dólares... Al menos estaba la ventaja de su permanente cara de póquer. Se sentó entre Wang y Michael, otro miembro de su equipo de trabajo, aunque tampoco lo conocía mucho. Lo más parecido a un amigo que tenía, al menos en ese sitio, era Wang. Y eso no era decir mucho, puesto que eran más bien conocidos. Pero el chino (que no japonés, aunque Alan apenas veía diferencia alguna entre una etnia y otra) había sido bueno con él, le había hecho un par de favores de cara a los superiores y hasta era posible, por lo que había oído, que le salvase el pellejo alguna vez.
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Re: Jugando en la boca del lobo

Mensaje por William Rellighan el Lun Dic 02, 2013 6:20 am

Aquel día había sido sumamente tranquilo, sin muchos sobre saltos por así decirlo. Más que nada lo único que perturbo la paz en aquella tarde fue la presencia de algunos guardias de seguridad de Ryan, los cuales se encontraban vagando por el muelle, quien sabe para qué. La mayoría de las veces ellos buscaban pruebas entre lo que podían llegar a observar del movimiento y la gente en Neptune’s Bounty, pero la presencia de los contrabandistas como William, trataba de ser lo más discreta posible. Sin embargo eso no impedía que algún otro contrabandista disfrazado de pescador se divirtiera incordiando a los agentes de seguridad, los cuales eran fácilmente reconocidos por sus ropajes negros, le recordaba algo a los camisas negras del fascismo italiano.

Había ya finalizado la “pesca” de hoy, así que lo único que tenía ganas de hacer ahora era recostarse en su cama en las habitaciones del Figthing Mcdonag’s y tan solo admirar el techo de concreto reforzado recubierto por planchuelas de madera. Igual que el resto de la habitación, la cual era bañada por la luz de un cartel de propaganda sobre Fort Frolic, bajo el mar, cuyo resplandor entraba por la ventana. A veces le dificultaba el sueño, pero nada que fuese remediado con tan solo poner una manta que tapara la ventana durante las noches y le permitiera dormir. Le agradaba Fort Frolic, más que nada el jardín de eve, debido a las chicas que trabajaban allí, lo que no le gustaba del lugar era la gente de clase alta de Rapture, los cuales iban a derrochar todo su dinero sin importar el mañana en las tragaperras y demás casas de apuestas.

Su andar fue desde la zona de los congeladores, sumamente fría para todos, pero no le molestaba pasar tiempo allí ya que gracias a su plásmido incinerar, la estadía en un lugar frio era más agradable, aunque lo seria aun más si tuviera algún tónico como infierno humano. Atravesó todo ese hielo, subió por la escalera que se encontraba la izquierda en la entrada de pescados Fontaine, hasta que finalmente luego fue a la derecha para avanzar por un pasillo hasta llegar a los muelles superiores. De ahí en más el resto fue fácil, solamente tuvo que ir hacia el túnel submarino de la derecha, el cual conectaba jet postal y la taberna con el resto del lugar. El corto y bifurcado túnel se encontraba vigilado por una cámara de seguridad, aunque no le prestaba mucha atención, mayormente eran para las personas de actitud sospechosa y Will siempre se encontraba campante y tranquilo cuando circulaba por allí.

Finalmente ya estaba en el bar, a su izquierda había una máquina expendedora, se acerco hacia ella y con un dólar de Rapture en su mano lo puso en la maquina, para que luego la misma expulsara un paquete de cigarrillos, el cual fue tomado por él. Usando su plásmido de incinerar prendió el cigarrillo con la punta de su dedo y empezó a dar suaves caladas, esto era todo lo que el necesitaba antes de una buena noche de sueño.

-perfecto-

Murmuro para sus adentros y se dispuso a caminar hacia el bar, no estaba mal tomar una copa de vodka antes de irse a dormir. Se sentó en la barra del lugar y miro al que atendía, no era nada más y nada menos que el propio Mcdonag en persona, pero como el ya le conocía esto no era motivo de sorpresa, al parecer esa noche se encontraba libre y no necesitaba visitar ningún desperfecto en el sistema de irrigación o alguna fuga de agua en la ciudad. El sabia la importancia de esto ya que en el sistema de radio publico de Rapture, se avisaba todo el tiempo de esto. No era el único conocido del lugar, en una de las mesas, se encontraba jugando Alan, el callado marinero que se encargaba de cargar los embalajes de pescado, junto con el desagradable Wang, cuya mirada pérfida se encontraba sobre su mano y las fichas de la mesa. Decidió observarlos mientras daba suaves sorbos al vaso de vodka que el cantinero le había servido.
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Re: Jugando en la boca del lobo

Mensaje por Alan Dean el Lun Dic 02, 2013 8:41 pm

El pelirrojo había llegado justo a tiempo para ver como empezaba el juego. Wang era capaz de guiar a Alan ligeramente. No era muy bueno leyendo las caras de los demás, o dando faroles. Y su idea de cómo usar las cartas, o cuáles cambiar, era muy vaga. Pero ganó un par de rondas. Pero el asiático le daba codazos discretos, o cosas así, para que el gigantón supiese cuándo tenía que mover fichas. Después, ya estaba sólo, y tenía que figurarse cómo jugar. Pero al menos Wang se aseguraba de que no pareciese un novato de cara a los otros. Pero alguien que se lo mirase desde fuera, como, digamos, algún joven escocés que se lo miraba desde la barra, vería que había truco. Trampas no, ninguna. Pero truco sí. Aunque claro, con tanto plásmido, jugar partidas honradas era cada vez más complicado. Bolsillos orgánicos en las muñecas gracias a los tónicos, poderes para hacer algo invisible...
Pero si había trampas, no se iban a revelar aún. Eso llegaba más tarde durante el juego, cuando las apuestas eran más altos. No valía la pena arriesgarse antes. Alan había invertido cinco dólares en fichas para entrar. Y con las apuestas, ya tenía siete dólares. Ya lo hubiese perdido todo si estuviese sólo, seguramente. No se hacia ilusiones. Si Wang y él se quedaban solos, perdería contra el chino. Pero se retiraría antes de eso, si lograba llegar a ese punto. Debería contentarse con los dos dólares extras, no paraba de repetírselo a sí mismo.
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Re: Jugando en la boca del lobo

Mensaje por William Rellighan el Miér Dic 04, 2013 8:11 am

El póker comenzaba a volverse algo extraño para él desde que Fontaine Futuristics comenzó a proporcionar plásmidos y tónicos para la gente de Rapture, el juego se volvía cada vez más y más turbio. Cosas como, ojo de fotógrafo, bolsillos orgánicos y plásmidos como houdini, hacían que el juego no se tratara solamente de quien tenía la mayor habilidad, si no de quien podía hacer trampas mejor sin ser descubierto por su rival. Al igual que muchas cosas más, estos brebajes milagrosos habían alterado la vida de los ciudadanos de Rapture para siempre. Algunas veces para bien, ya sea como para poder arreglar un desperfecto eléctrico teniendo carne eléctrica recombinado en tu cuerpo o electro rayo. También al ser un cocinero y ostentar el plásmido incinerar, o también podía ser un útil encendedor de bolsillo, como William solía utilizar en este caso. Además de esto, había alterado sumamente el peligro en las calles, sobre todo a altas horas de la noche, los Splicers solían rondar en busca de alimento y Adam que poder robar de los habitantes cuerdos de Rapture.

Aunque William ya había perdido el interés, sentía deseos de participar en aquella partida de póker que se estaba gestando frente a él, así que decidió actuar. Se bebió lo que quedaba de su botella de vodka y se dispuso a caminar lentamente hacia la mesa en la que se encontraban Wang y Alan. Con las manos en los bolsillos de su gran saco, el cual cubría su cuerpo y lo protegía en las noches frías de Rapture en contra de la temperatura, finalmente llego a la mesa. Para su fortuna había un banco justo frente a la partida y las fichas que se encontraba desocupado, así que se posiciono allí y comenzó a observar el juego con un gesto de cierto escepticismo. Del lado de Alan se encontraban siete dólares que eran de su pertenencia, muy poco en comparación al resto, mientras que Wang, tenía unos quince dólares en fichas a su poder. Del otro lado de la mesa los otros dos contrabandistas, que eran compañeros suyos de trabajo, aunque no tenía mucho contacto con ellos de forma verbal, tenían alrededor de veintidós  y veinticinco dólares cada uno. Aunque el cerebro de todo parecía ser Wang, el cual si mal no recordaba estaba recombinado con algún plásmido para estas situaciones, cosa que en verdad no le resultaba raro en sí.

-parece que muy bien no te va-

Sonrió a medio labio y saco de su bolsillo el paquete de cigarrillos que había comprado en la máquina expendedora y lo puso en su mano izquierda. Mientras que con la derecha, encendió una pequeña llama en la punta de su dedo índice, con ayuda de su plásmido incinerar, luego de colorar el cigarrillo en su boca, lo encendió y comenzó a dar suaves caladas, mientras dejaba el paquete en la mesa por si alguno de ellos gustaba servirse del mismo. Además de que acompaño esto con un pequeño gesto, el cual hacia las veces de invitación para que alguien quisiera tomar uno. Por su parte, Wang al verlo tomo el paquete y coloco un cigarrillo en su boca, para luego comenzar a fumar lentamente, no sin antes prender el mismo con un paquete de cerillos que tenía en su bolsillo. El paquete de cigarrillos se volvió ligeramente transparente en cuanto Wang lo puso sobre la mesa, en efecto al parecía que el chino tenia uno de esos plásmidos Houdini que vuelven invisibles a las cosas en cuanto uno las toca, además de volverlo invisible a uno claro. Al ver esto, William tan solo ahogo una pequeña mueca de risa y le hizo un comentario a Wang, a modo de burla

-qué tal va ese nuevo plásmido que conseguiste la ultima ves? Houdini, creo que se llamaba-

Haciendo este comentario, los contrabandistas pusieron una mueca un poco más seria al escucharle, mientras que con la mirada comenzaban a comerse vivo a Wang, el mismo comenzaba a sudar con cierto nerviosismo al escucharles. En efecto la pregunta era a modo de bula para Wang, William tan solo buscaba un poco de diversión aquella noche y tal vez aquel hombre de oriente podía proporcionársela a el.
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Re: Jugando en la boca del lobo

Mensaje por Alan Dean el Vie Dic 13, 2013 10:54 pm

Alan estaba lo suficientemente metido en el juego como para no notar que alguien se le acercaba por detrás. Algo muy raro en él: fuera de su casa, sin importar la situación, pero más aún en un sitio como el Fighting McGonag, Alan era incapaz de relajarse y de no sentirse tenso. Aunque, con el escocés habiendo traspasado sus defensas, el hombretón de más de dos metros no iba a volver a tomarse sus alrededores a la ligera. Aunque tuvo que apartar su vista de las cartas, Alan se giró para mirar al que le hablaba, mientras dicho individuo pasaba a su lado y se tomaba la libertad de coger asiento con ellos: un hombre pelirrojo, que debía tener más o menos su misma edad, pero de apariencia mucho más joven, delgado pero de aspecto peligroso.
Su respuesta fue seca y fría: -Tengo más que cuando empecé.- Bueno, eso no podía discutírselo.
El oriental se puso un poco nervioso, apretando el filtro del cigarro entre los dientes, intentando llegar a crear una buena excusa, alguna explicación para eso. -Los muelles son peligrosos, con los elementos que hay por ahí...- Se rió el joven oriental, nerviosamente. -Es sólo por si acaso tengo que resguardarme de elementos indeseables. Entre criminales y los 'controles' de rutina de los guardias de Ryan, uno nunca está tranquilo, ¿eh?- Dijo, mientras miraba de lado a lado con las cejas arqueadas hacia fuera.
Los otros jugadores no parecían tragárselo. Y la excusa importó poco, puesto que uno se levantó de repente, ofendido, sin que la explicación tuviese ningún efecto. Pero se paró en seco, cualquiera que hubiese sido su intención, cuando vio que el enorme jugador calvo se levantaba al mismo tiempo que él. Aunque claro, que una masa de músculos como Alan se levantase era mucho más impresionante que no el hacerlo un hombre más bien normal como el contrabandista. Hubo un momento de tenso silencio. Hasta otros patrones del bar empezaron a girarse y a parar atención a la escena. Parecía que iba a haber pelea, lo cual siempre era interesante.
-Siéntate.- Ordenó el coloso, mirando al potencial atacante de reojo, con el ceño fruncido.
Pero el bandido no se dejó amedrentar. Al menos no del todo, pero lo cierto era que ya estaba bastante asustado. A esta distancia, sacar la pistola le serviría de poco. -¡Ese chino asqueroso estaba haciendo trampas!-
Alargó el brazo para coger a Wang por la camisa, pero su brazo se detuvo cuando los fuertes dedos del hombre afeitado se apretaron alrededor de su muñeca. Pronto, el hombre vio que era incapaz de mover su brazo en lo más mínimo, al menos sin el consentimiento de Alan. Gruñó, molesto en parte por el dolor, y en parte por la impotencia. Pero aunque se resistiera, no se atrevía a mirar hacia arriba, a los penetrantes ojos del gigante.
-Siéntate.-

Wang parecía bastante tranquilo, teniendo en cuenta las circunstancias. Oh, estaba nervioso, claro que sí. Pero no de la forma que uno esperaría: ni saltó, ni chilló, ni tembló. Wang estaba tenso, con la mandíbula inferior apretada, las manos bajadas a sus caderas (con las cartas boca abajo sobre la mesa) y los ojos muy concentrados, ceñudo.
Alan también lo estaba, de nervioso. Se sentía a punto de estallar. Toda esa tensión, todo ese miedo, se estaba acumulando en su pecho, convirtiéndose en una peligrosa bomba de relojería que, tal y como no paraba de decirse a sí mismo, debía controlar. Pero estaba en territorio hostil. Veía amenazas en todas partes.
Al cabo de unos momentos de tenso silencio, el contrabandista se soltó, y se sentó, gruñendo. Y Alan les explicó el estado de la situación.
-Si algo no le gusta a alguien, puede coger su dinero y marcharse. Sin tonterías y sin revuelo. Nadie quiere problemas. Nadie ha visto ninguna trampa. Wang tiene un plásmido, como tenemos todos nosotros. No hay que perder los estribos.- Después se giró hacia Wang. -¿Has escondido alguna carta?- Preguntó. -Ahora es el momento de decirlo. No dudes que te echaré del juego yo mismo. Pero no te harán daño.- Alan tenía que ponerse duro con su anfitrión, pero si no, los otros no se lo tomarían como un juicio demasiado imparcial.
Wang suspiró, fastidiado, después de mirar a Alan a los ojos un rato. Levantó la mano, semi-abierta, y entre sus dedos apareció un diminuta pistola revólver. El contrabandista tragó saliva al ver que la pistola había estado apuntando a su estómago. -Para los elementos indeseables de los que hablaba.- Ahí iba su as en la manga, por si algún día se metía en apuros de verdad. -Ian... no vuelvas a llamarme chino de mierda.- Añadió, antes de esconder su pistola en el bolsillo de su peto de trabajo.
Alan suspiró un poco. -¿Podemos seguir?-
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