Resumen de la historia
Nos encontramos ubicados en Rapture para ser mas precisos en el clímax de su conflicto, contrabandistas contra fuerzas de seguridad, año 1958. Rapture una ciudad sumergida bajo el mar, construida por las manos de un magnate de la industria del transporte ferroviario y la industria de la energía eléctrica a base del carbón. En esta ciudad submarina no existen las leyes, es decir, no hay estado y se encuentra cubierta bajo una anarquía total. La seguridad de sus ciudadanos se haya custodiada bajo el poder la policía privada, la cual protege a sus habitantes por una módica cantidad de precio (es decir, solo las personas ricas gozan de la seguridad que la policía privada suele proporcionarles). Debido a sus políticas, toda forma de religión y socialismo están prohibidos, Rapture ofrece una fuerte pena a los contrabandistas, problema que va en aumento debido al dueño de la flota pesquera de submarinos, un tal Frank Fontaine. Fontaine, el dueño de Fontaine Futuristics, es el encargado de solventar a la población con plásmidos y tónicos genéticos los cuales modifican el genoma de los ciudadanos y les otorgan increíbles poderes, tales como controlar objetos con la mente o tener superfuerza. El Adam es una substancia obtenida a base de una baba de un gusano marino, el cual vive en las afueras de Rapture. Esta baba puede ser refinada para obtener productos que reescriben el genoma humano, al igual que regeneran la carne herida con versiones madre de las células muertas. Cuando el consumo de estos productos es excesivo los ciudadanos obtienen deformaciones físicas y mentales, lo cual conlleva a que se conviertan en seres sedientos de sangre los que viven solo para el saqueo y el asesinato, desesperados por consumir mas y mas Adam. Ahora el destino de Rapture pende de un hilo, entre las fuerzas que apoyan a Fontaine y el contrabando y las fuerzas que tan solo quieren mantener a Rapture lejos de todo, mientras que la amenazadora sombra de un Splicer se cierne sobre los ciudadanos
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Alan Christopher Dean

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Alan Christopher Dean

Mensaje por Alan Dean el Sáb Nov 30, 2013 2:40 pm




Alan Christopher Dean


Llega el 1954/38/Estadounidense


Apariencia


Incluso entre los rudos y curtidos marineros de Neptune's Bounty, Alan destaca más que una guitarra en un entierro. Es un hombre gigantesco, de poco más de dos metros, y casi igual de ancho que alto. A pesar de lo humilde de su trabajo, se mantiene limpio, y se ducha a menudo, con lo que su pálida piel hace que su cuerpo casi brille, comparado con sus compañeros de trabajo, cubiertos de mugre. Al menos, hasta el final del día, cuando la ducha del día de ayer ya parece que fuese absolutamente en balde.
Aunque tiene finas cejas negras, y alguna vez tuvo una buena mata de pelo, Alan se afeita completamente tanto la cara como la cabeza. Empezó a sufrir alopecia bastante pronto, y su estada en la cárcel sólo reforzó más este hábito.
Se cuida bien, y su piel es suave, a pesar de los callos en sus manos y pies. Se asegura de comer bien, incluso con el mediocre sueldo de su trabajo y sus pocos ahorros, así que se le ve saludable y, por supuesto, muy en forma. Tiene una constitución hercúlea, con bíceps del tamaño de la cabeza de un niño, debido a una obsesión con el ejercicio físico.
A pesar de que parece la clase de hombre que se mete en cualquier pelea a la mínima provocación, Alan no tiene ni una sola cicatriz. Aunque claro, eso, en parte, se debe a los beneficiosos efectos del ADAM. Tiene una cara muy seria, con un ceño casi permanentemente fruncido que le hace parece más agresivo de lo que en realidad es.


Personalidad


Alan es serio, disciplinado y poco dado a la diversión o las conversaciones ociosas. A decir verdad, es un hombre aburrido. Ha vivido muchas historias interesantes y emocionantes o terroríficas aventuras en la guerra y durante su servicio en la policía o el cuerpo de seguridad de Rapture, pero no acostumbra a contarlas.
Es la clase de hombre que esconde sus emociones e intenta no parecer débil delante de nadie. Pero lo cierto es que es más vulnerable de lo que parece. Es solitario, no sólo por miedo a la interacción con los demás, y al peligro que él mismo supone para otros, sino por su odio a sí mismo; el síntoma de su vida familiar y social a partir de los 14 años, y su inestabilidad a consecuencia del trastorno por estrés post-traumático que sufre. Poca falta que hace aclarar que tienen pocos amigos, si tiene alguno siquiera.
A pesar de tener un biblia escondida en su casa, y de rezar cada noche, no parece dado al proselitismo, ni a juzgar a otros por sus creencias. Parece que su fe es más un consuelo para sí mismo que un auténtico código ético. Pero cierto es que Alan cree en la justicia, y fue idealista en su momento, antes de rendirse a la realidad y asumir una actitud neutral que hasta él mismo considera egoísta.
Acostumbra a descargar toda su violencia acumulada en el gimnasio, y no es dado a ser arrogante o buscar pelea. Nunca empieza reyertas, ni siquiera por provocación. Pero es muy peligroso amenazarle: Alan está siempre alerta, siempre evaluando el nivel de peligrosidad de toda persona, y su TEPT le hace inestable si se siente en peligro. También se vuelve increíblemente nervioso con los ruidos explosivos, y acostumbra a no dormir bien.


Historia


Nacido en los comienzos de los locos años veinte, la familia de Alan era honesta y trabajadora. Una madre enfermera y un padre mecánico capaz de trabajar en coches, bicicletas, motocicletas... También eran gente devota, virtuosa y temerosa de Dios, tal y como enseñaron a ser a su hijo.
Alan era un chico bien grande, fuerte ya desde pequeño, pero dócil y sin arranques de violencia. No era raro que algunos chicos se metieran con él por verlo rellenito, pero nunca llego a ser traumático. Normalmente se mantenía apartado de los problemas, y evitaba intervenir en cualquier conflicto. Más adelante, eso se volvió en una fuente de arrepentimiento para él: "Lo único que hace falta para que el mal triunfe, es que los hombres buenos no hagan nada."
La vida familiar de Alan era más que decente. Sus padres eran estrictos, pero buenos. Aunque eso cambió cuando llegó a los catorce años de edad, y se enteraron por el pastor de su parroquia de la última confesión del chico, cuando fue en busca de ayuda y perdón. No sólo se volvió en infierno para él estar con sus padres, sino que la gente de su alrededor se volvió hostil e intolerante hacia un chico que aún no había pasado siquiera de su adolescencia.
Alan trabajaba de vez en cuando con su padre, a pesar de todo, y no logró nunca acabar nigunos estudios aparte de la secundaria. Ya estaba acostumbrado, por las obligaciones impuestas por su padre, a entrenar mucho, e ir a duros campamentos para jóvenes. Así que, en 1938, cuando se alistó en el ejército estadounidense, demostró una increíble aptitud física. Dejó su casa y cortó sus lazos familiares, sin contar nunca a ninguno de sus camaradas nada de su pasado con tal de que no saliese a relucir nada que comprometiese su carrera en el ejército. Tras tres años de entrenamiento, en los que Alan se convirtió en todo un coloso, el joven fue a la guerra. El frente Europeo de la Segunda Guerra Mundial. Sin ninguna familia con la que regresar, Alan se presentó voluntario más de una vez a quedarse, para dejar que otros compañeros pudiesen regresar con los suyos.
Lo cierto es que fue horroroso. Le enseñaron a encontrar una ira dentro de sí que nunca supo que tenía. Y a controlarla. Pero ni toda esa ira le hizo capaz de conllevar sin problemas su primer homicidio: Alan sintió nauseas durante más de una semana. Pero la guerra no terminaba. No tenía nada que ver con los tebeos de propaganda que algunas veces se leía de niño. No era glorioso ni noble. Los nazis, sin el uniforme, sin el casco, sin la esvástica, eran seres humanos. Los campos de concentración fueron visiones horribles, que él hubiese atribuido a la representación de la visión depravada del infierno de algún artista lunático. Y claro, también estaban sus propios compañeros, masacrados en más de mil trincheras. Su servicio terminó cuando piezas de metralla destrozaron su mano izquierda y entraron en su cuerpo, llegando a los órganos internos.
Tras ser hospitalizado durante meses, Alan pasó a una rehabilitación radical para recuperar su buen estado de forma e ingresar en el cuerpo de policía. Pero claro, sin dejar constancia del estado en que habían quedado sus tripas. Sentía dolor crónico, pero lo escondía, con tal de ser admitido. Nunca llegó a curarse del todo, y su estado se deterioraba.
Quizá el mayor daño no fue el físico: Alan empezó a sentir nauseas al recordar sus años de servicio, tenía pesadillas, siempre estaba alerta, en tensión. Parecía el mismo de siempre, cara a sus amigos, pero por dentro era una bomba dispuesta a estallar.
Y finalmente, estalló, poco antes de pasar su primer año de servicio en la policía. Dejó a un hombre en coma tras una pelea, y se le expulsó del cuerpo de policía, antes de ser encarcelado. Aunque, en la prisión, con los pocos cuidados, sin medicamentos y la nutrición deficiente, su estado empeoró, y acabo teniendo que ser hospitalizado cuando el dolor de su estómago no le permitía siquiera levantarse.
Mientras se recuperaba de nuevo de los estropicios de la guerra, se le asignó también un psiquiatra mediocre, que intentó en vano ayudar a Alan con su TEPT. En 1954, harto de todo, Alan intentó quitarse la vida. Un soviético con quien había establecido amistad le regaló a Alan su pistola, una Tokarev TT-33 rusa. Fue un obsequio por haberle salvado la vida, que Alan iba a usar para acabar con la suya propia. Pero quería mirar a la muerte a la cara, así que se apuntó a la frente.
Por suerte o por desgracia, Alan sobrevivió y, en lugar de acabar en una morgue, acabó de nuevo en un hospital. Pero no por mucho tiempo: en 1954, justo después del intento de suicidio, fue invitado cordialmente a la maravillosa ciudad de Rapture. Sin saber qué hacer con su vida, sin saber cuál era su lugar, o qué haría para vivir desde aquel entonces, Alan se embarcó en esta nueva aventura, esperando que quizás aprendería a convivir consigo mismo en este supuesto paraíso libertario.
Tuvo su primera dosis de ADAM que le cambió totalmente. Le curó los órganos internos, recuperó la forma, y hasta aumentó su masa muscular. Era más fuerte y rápido de lo que nunca había sido, y se curaba de cualquier cosa más rápido que nunca antes. El ADAM hizo más por él que nada en la vida. Pero fue tan genial, tan milagroso, que le asustó, y decidió no volver a usarlo. Al menos, si no era completamente necesario. Un arañazo se cura en un día, y heridas más graves que tardarían meses en curarse, se arreglan en pocas semanas.
Gracias a su impresionante historial militar, Alan no tuvo siquiera que ofrecerse voluntario para las fuerzas de seguridad. Le pidieron que se uniese en seguida. Y lo hizo, por supuesto. Pero descubrió que no era nada como él se había imaginado. No protegía a los débiles. No hacían frente a las hordas de splicers. Sólo iba con escuadrones a proteger la fortuna de los que podían pagarles. Aunque, a veces, también se enfrentó a contrabandistas, junto con sus camaradas. Aunque defender la ciudad del contrabandismo no era exactamente lo que tenía en mente, y era el menor de los males que atestaba la ciudad, al menos, a su ver.
De nuevo, Alan dejó el cuerpo. Una muy mala idea, por supuesto. Ya había tenido tiempo de hacerse enemigos entre los peores elementos de Rapture, y ya no tenía la protección que le ofrecían las fuerzas de seguridad, por no decir que hasta algunos de ellos sentían... poco afecto hacía él. Peor aún, el único trabajo que encontró fue en los muelles, donde había una mayor concentración de todos aquellos que le atravesarían el pecho a cuchilladas con una sonrisa de oreja a oreja. Alan, hoy, sigue buscando algún objetivo para su vida, desilusionado con todo, llevando su letal regalo consigo. Aunque ni siquiera él está muy seguro de si realmente lo quiere para protección, o si es para acabar el trabajo de hace 4 años. Siempre y cuando no falle de nuevo.


Grupo


Habitante (ex-agente de seguridad)


Plásmidos


Tonicos




Armas


TT-33
Una tokarev TT-33 soviética del 1933. La misma arma que casi le quitó la vida. No es tan versátil como las armas altamente modificable de Rapture, pero es infinitamente más fiable y precisa, además de fácil de mantener. Le tiene más aprecio por ser un regalo, pero Alan es capaz de usar también rifles y escopetas, gracias a su entrenamiento militar y policial.


Gustos


El café
La compañía de gente discreta
Entrenar (con levantamiento de pesos o saco de arena)
Comidas abundantes
Los gatos
El trabajo bien hecho
Cualquier noche que consiga dormir en su enteridad


Disgustos


Los ruidos fuertes (especialmente las explosiones)
Las amenazas
El malestar ajeno
Las armas
La soledad
La compañía de gente ruidosa o maleducada


Extras




Nombre del personaje


Personaje original, no conozco el nombre


Serie/manga/anime/fan art al que pertenece


Ilustraciones de Aenaluck en Deviantart

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Re: Alan Christopher Dean

Mensaje por William Rellighan el Sáb Nov 30, 2013 3:36 pm




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William Rellighan

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